Ideas generales sobre la literatura

La literatura se ocupa del suceder imaginario, aunque integrado por los elementos de la realidad, único material que posee para su creación. Un ejemplo: “como un rey oriental el sol expira”. No interesa la realidad del crepúsculo que contempla el poeta, sino el hecho de que se le ocurra proponerlo y la forma de aludirlo.
Por ello, la literatura posee un valor semántico o de significado y un valor formal o de expresiones lingüísticas. El común denominador de ambos valores está en la intensión que tenga el autor.
La intención semántica se refiere al suceder ficticio (contenido) y la intención formal se refiere a la expresión estética (forma). Sólo hay literatura cuando ambas intenciones se juntan; abreviado sería: la ficción y la forma o, en otras palabras, lo que dice y cómo lo dice.
Los antiguos llamaron a la ficción “mimesis”: un conjunto de hechos exteriores como cualquier tipo de naturaleza (humana, entorno, etc.) en estrecha relación con el realismo, es decir imitándolo. Es cierto que al inventar se imita, aunque da como resultado una estructura en una nueva integración. El término mejor conocido es ficción y con ello queda asentado que a una estructura existente se le añade una nueva. Por otra parte, indica que la intención se desentiende del suceder real y se presenta como una realidad subjetiva. La literatura entonces es, como muchos autores la llaman, una mentira práctica (Vargas Llosa afirma: “mintiendo se dicen verdades”)
Otro aspecto importante es que la literatura puede referirse a algo real, pero esto deja de ser importante. Importa únicamente su significado, lo interesante que sea en sí misma, haya o no sucedido.
El historiador construye a su héroe, el novelista al personaje y pueden ser idénticos, pero su intención es distinta. El historiador dice que así fue, el novelista que así se inventó. El primero capta a un individuo real, el segundo puede ser posible o imposible.

Sobre su forma:
La literatura deriva de la letra o del lenguaje escrito y a éste se le imprime una intención estética, un acomodo específico, una planeación rigurosa de todos los elementos que constituyen un relato para presentarlo y tener un efecto sobre el lector.
Por ello se afirma que el lenguaje corriente o práctico se distingue del literario porque el primero es el lenguaje de la comunicación y el segundo de la expresión. La literatura es expresión que busca comunicación y es la actividad que mejor aprovecha los tres valores del lenguaje: sintaxis y gramática (construcción y sentido de los vocablos), fonética (ritmo y sonido de sílabas) y estilística (produce un efecto o emoción).
Es innegable que entre la expresión del creador literario y lo que nos transmite no hay una ecuación matemática ni una relación fija. La representación del mundo, las implicaciones psicológicas, las sujeciones verbales son distintas para cada uno y determinan el ser personal de cada individuo y su forma de percibir lo que lee.

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